Viviendo lejos de mi país

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(Post in English below)

Al mudarme a Panamá, lloraba cada vez que venía de regreso de Guatemala. Siendo honesta, lloré las primeras tres veces.  Mmmm… tal vez cuatro.  No es que dejara de estar triste, pero ya quería regresar a mi vida. A mi nueva vida.

Luego me casé y era cada vez más emocionante regresar, estaba ilusionada de construir una vida con mi esposo.  Poco a poco, las visitas se hicieron menos frecuentes, y mis llegadas a Panamá más fáciles.  Hasta que tuve hijos. Ese fue el momento en el que todo cambió.

Al inicio, cuando mi hijo era recién nacido, lo que mas extrañaba era el tener ayuda 24/7.  Tener un bebé es difícil, pero en mi país, con mi familia, no se sentía difícil, se sentía natural.

Luego mi hijo creció, y llegó mi hija.  Creo que lo que antes sentía difícil, en mi corazón, ahora, parece imposible.

Hace una semana regresamos de Guatemala.  Viajamos por primera vez con dos bebés.  Escribo esto con lágrimas en los ojos porque no quería regresar a Panamá. Y no es que Panamá tenga algo malo, es lo que no tiene.  Mi familia.  Mis amigos.

Mi hijo es tan feliz allá, es más independiente, tiene una prima con quien jugar, tiene tantos elementos estimulantes que yo no puedo darle aquí.  Mi sobrina, por ejemplo, es esa amiguita que siempre será parte de su vida.  Cuando los veía abrazarse, inmediatamente me sentía culpable de tener que regresar.  Aquí tiene amigos, pero los amigos tienen una vida separados de nosotros, se mudan a otros países, tienen más planes, otros amigos, nunca es como la familia.  Ahora me siento culpable de quitarle eso, de quitarle a sus primos, abuelitos, tíos, tíos abuelos, sacarlos a todos de su día a día para introducirlos una o dos veces al año.  La culpa.  Nunca nos deja.

Cuando veo a mi hijo en Panamá, sé que es feliz, pero sé que podría tener una vida diferente, rodeada de ese calor de familia todos los días.  No había vivido eso hasta ahora que está más grande, y esta vez siento que dejé allá mi corazón.  Probablemente eso sea parte de vivir fuera.  Saber que una parte de tu corazón siempre se quedará en tu país, en tu casa, con tu familia o esa gente que para ti es familia, con tus amigos.  Y aunque los niños olvidan, yo no lo hago.

La gente cree que lo que más se extraña al vivir fuera es tener ayuda, y sí, como mencionaba, cuando era recién nacido era lo único, ahora hace falta pero es más que eso.  Yo extraño muchas cosas más, extraño el poder salir a cenar o al cine sin tener que pagar $20 para que me cuiden a mis hijos, extraño comer la comida de mi país, el conseguir de todo en un solo lugar y no tener que usar Amazon hasta para comprar listones porque no sé dónde buscar,  extraño el clima, imperfectamente perfecto, su olor a tierra mojada, el conseguir muchas cosas mil veces mas baratas porque sé los trucos… Y no solo es eso, es su gente, su gente exageradamente amable, es mi familia, mis amigas, es el saber que mi hijo tiene con quien jugar siempre que quiera, el saber que podría hacer travesuras como lo hacía yo, es el tener planes los fines de semana que no son ir al mall, es el saber que tienes con quien contar siempre, el saber que si algo pasa mis hijos tendrían quien los cuidara, es el saber que todos los dias hay alguien que nos recibe con los brazos abiertos, sin necesidad de llamar o pedir permiso para estar allí, es el saber que tus amigos o familia no se mudan mañana, porque no es una ciudad de paso… Y no es que allá sea mejor que aquí, ni que aquí sea mejor que allá, es que Guatemala SIEMPRE será mi casa, más ahora, que mi hijo tiene con quien jugar, que me encantaría crecieran como yo, rodeado de una familia grande, no con gente que desaparecerá de su vida porque lamentablemente la vida nos separará.

Quisiera poder tener mi vida de Panamá en Guatemala, pero hay cosas que no puedo trasladar, así que no me queda mas que, al llegar, pasar la página y vivir, sin pensar en todo lo que deje al partir.

Foto por: Alejandro Mendez

When I moved to Panama, I used to cry every time I came back from Guatemala.  Honestly, I cried the first three times.  Ok, maybe I cried the fourth visit as well.  I stopped crying not because I wasn’t sad anymore, but because I had a life already, and I wanted to come back to it.  To my new life.

Then I got married and coming back to Panama was more and more exciting, I wanted to be here and build a life with my husband (awww!).  Shortly, my visits to Guate were less and less, and being back in Panama was easier too.  Until we had kids.  Everything changed when we had kids.

When my son was a newborn, what I missed the most was having help 24/7.  Having a baby was hard, but in my country, with my family, it didn’t seem hard, it was natural. 

Then my son grew, he became a toddler and we had our girl.  And what used to be hard, right now in my heart, feels impossible. 

We came back from Guatemala a week ago, we traveled for the first time with two babies.  I’m writing this with tears in my eyes because I didn’t want to be back. It’s not that Panama has something bad, it’s what it doesn’t have.  My family.  My friends.

My son is really happy over in Guate, he’s more independent and has a cousin to play with, he has so many stimulating elements that I cannot give him here.  My sweet nephew, as an example, she’s going to be a little friend that will always be part of her life.  I just wish they could grow up together.  When I saw them hugging, I immediately felt guilty of taking the family away from him, his cousins, grandparents, uncles, aunts.  He has friends here, but those friends have other friends, have different plans, move to different countries, it is never like family.  Guilt.  My loyal companion.

I know that my son is happy in Panama, no question about it, but I know he could have a different life, surrounded every day by a familiar warmth.  I did not feel like this until now that my son is a toddler, but this time I left my heart back in Guate.  Probably that’s part of living away from home.  Knowing that a part of you, of your heart will always stay back home, with your family, with your friends.  And even though kids forget, I don’t. 

Most people think that what you miss the most is having that help, and obviously I do.  Like I said, when my son was a newborn it was what I missed the most.  Now I miss so much more.  I miss being able to have date nights without paying a $20 nanny, I miss eating my country’s food, I miss finding everything in a single place and not using amazon for buying random things because I know where to find them, I miss the weather, imperfectly perfect, I miss the smell of wet soil, I miss finding cheaper things because I know how to do so… And it’s not just that, it’s the people, the extremely nice people, my family, my friends, knowing that my son has someone to play with everyday, that he can do antics like I did, having plans every weekend that go beyond the mall, it’s knowing that you can count on someone, always, that if something happens to us there’s someone there to take care of my kids, it’s knowing that you can visit anytime, no need to call, it’s knowing that your family and friends won’t move tomorrow, because most people are there to stay.  And it is not that there is better than here, or here is better than there, it’s that Guatemaa will ALWAYS be my home, especially now that my son has someone to play with, that I would love for him to grow with a big family, not with people that will disappear from his life, because life will separate us.  

I wish I could have my Panamenian life in Guatemala , but there are things I cannot move back there, so there’s nothing else to do more than turning the page every time I come back, and not thinking about what we left behind.

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