A mi hijo mayor

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A mi hijo mayor,

Nicolas Feliz

Estuve buscando por todos lados si en algún lugar había escrito esto.  Lo he pensado tanto, pero nunca lo escribí.

El día que quedé embarazada, sentí que te traicioné.  Sí, dramático, y sí, para muchas, ridículo.  Y, aunque en el fondo sabía que lo que estaba haciendo era regalarte una amiga para toda la vida, alguien con quien disfrutar tu niñez, alguien con quien compartir millones de momentos, alguien con quien chantajear a tus papás para que les compren algún juguete “para los dos” o una mascota, aún sabiendo eso, aún habiendo crecido con dos hermanos y siendo la hermana mayor, aún así, sentía que te estaba quitando tu momento.  Sentía que te lo estaba arrebatando de las manos de una forma tan repentina.  Y cuando te veía correr hacia nosotros, ser feliz con tu papá y tu mamá, lloraba de pensar cómo iba a cambiar tu mundo y tu no tenías ni idea.

Luego empezaron las nauseas, y esa culpa se convirtió todavía en más grande, no podía estar contigo, no tenía fuerzas, mi estómago no lo soportaba.

Pero, el día del parto, ese día fue el que me pegó más, nunca esperé estar tan nerviosa, nerviosa de dejarte solo, nerviosa de que íbamos a regresar y ya no ibas a estar solo con nosotros, pero sobre todo, nerviosa de que me pasara algo y no volver a verte, no volver a jugar contigo.

¿Y sabes qué he descubierto? Que todos esos miedos, esos traumas, esas locuras, estaban solo en mi cabeza, y aunque tienes celos, y le has pegado a tu hermana, le has tirado cosas, la has empujado contra el piso, aunque haces más berrinches que nunca, y no comes más de una comida al día desde ese día, sé que todo estará bien.  Te veo aceptarla cada vez más en tu vida, te veo querer jugar con ella aunque no puedes todavía, te veo ser feliz cuando ella “te comparte” sus galletitas de bebé, o “te presta” sus juguetes, te veo crecer y aceptar que nuestra familia ahora es de cuatro.

Quiero que sepas que yo fui feliz creciendo con hermanos, que no cambiaría nada de mi familia, si acaso, me hubiera encantado que hubiera sido más grande, y sé, lo sé, que vas a disfrutarte a tu hermana como a nadie, y no vas a recordar esa sensación de celos que tuviste las primeras semanas, y que todavía a veces expresas en tus berrinches.  Pero verás, hijo mío, que algún día estarás pidiéndonos más hermanitos, porque los juegos son más divertidos mientras más personas participen.

Quiero que sepas también que yo los amo como nada, por igual, y que tu mi  amor, tu me hiciste mamá, y nunca, nada, ni nadie, podrá cambiar eso.  Tu fuiste el primero que me hizo sentir ese amor, el primero que me hizo saber lo que son las lágrimas de alegría, el primero que me hizo temblar de miedo al bañarlo, el primero que me hizo sentir el corazón latir con una sonrisa, una carcajada, el primero que tomo mi mano y llenó mi alma completa, el primero que pudo llamarme “mamá”.

Quiero que sepas mi vida, que aunque nuestros días solos fueron pocos, los disfrutamos muchísimo, pero lo que viene mi amor, te lo vas a gozar mucho más.

Y algún día seré yo la que extrañará nuestros días solos, porque seguramente lo que querrás será estar jugando por doquier, corriendo por la casa, saltando, y enseñando a tu hermana como eres un niño grande.  Pero no debes preocuparte por mí, yo seré feliz siempre y cuando sepa que tú lo eres también.

Así que ve, corre, salta, aprende, pero sobre todo vive y vuela mi amor, vuela.