Otro lado de la maternidad: Depresión Posparto

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Hay temas de los que es difícil hablar. Hay cosas que muchas decidimos dejar escondidas en el pasado, porque nadie tiene porqué enterarse.  No escribo esto por mí, ni porque quiera que todo mundo lo sepa, lo escribo porque cuando me pasó, leer la experiencia de otras me ayudó a entender que no era normal lo que sentía, pero sobre todo, que tenía una solución.

Depresion post parto

Hablar de depresión post parto parece fácil, hasta que te pasa a ti.  Aceptar que estás enferma es la parte más complicada, porque, al menos en mi caso, sentía que decir que tenía depresión post parto significaba que era una mujer débil.  Pero, cuando ya estás bien, te das cuenta que la fuerza para derrotar todos esos paradigmas y pedir ayuda, demuestra que de débil, no tienes nada.

El tema en nuestros países es tabú.  Esa es la realidad.  Consideramos “normales” cosas que no son normales, tal como sentirte mal por meses después de tener al bebé.  Pero, les voy a contar mi historia, para que vean que no es tan “normal”.

Yo tuve depresión post parto.

Con mi primer hijo no sé si la tuve o no, nunca pedí ayuda al menos.  Pasé meses sintiéndome mal, sufría de ver que la gente decía que todo era color arco iris cuando tienes hijos, porque para mí, no lo era.  La realidad es que mi hijo era y sigue siendo un niño que no duerme mucho.  Ahora duerme algo, pero de bebé, no había nada ni nadie que lo hiciera dormir.  Estaba agotada.  Yo lloraba muchísimo, y lo atribuía a la falta de sueño.  Luego volví al trabajo pero todavía no me sentía en control con mis emociones, y, antes de sentirme 100% bien, quedé embarazada.  Era demasiado a la vez.

Durante el embarazo estuve bien, y, antes de que llegara nuestra bebé, me prometí a mi misma buscar ayuda si volvía a sentirme mal.  Estaba convencida que lo que me había afectado con mi primer hijo era la falta de sueño combinado con el regresar a trabajar antes de lo planeado, así que pedí unos meses sin goce de sueldo y contraté ayuda… ¡estaba lista!

Luego nació mi bebé, y, aunque pensé que iba a dormir mejor que el primero, no fue así. El reflujo volvió a ser parte de nuestras vidas, con sus dietas estrictas para poder amamantar. Y, sin darme cuenta, llegó. Esa nube negra cargada de negatividad.  Al principio era muy poco, culpaba las malas noches. Pero cada vez me sentía peor. No era tristeza lo que sentía, era enojo, enojo, enojo, muchísimo enojo.

Depresion post parto 2

Y ese enojo se fue dirigiendo a mi bebé.  Sí, a esa inocente niña que aún no sabía nada del mundo.  Sé que es ilógico, lo es, pero era algo que iba más allá de la razón, era un sentimiento tan fuerte que no lograba dominarlo.   Había días que no quería cargarla porque estaba enojada con ella, no entendía porqué no dormía, porqué lloraba en las noches, porqué no podía agradecer todo lo que le daba.  Sentía que por ella me había vuelto una mujer agotada, frustrada y enojada todo el día, y, que a pesar a de todas las renuncias que estaba haciendo, lloraba toda la noche.

Claramente nunca lo exterioricé así con nadie.  Era mi secreto.  Solo decía que no podía más con los desvelos y lloraba.  Es normal, me decían todas, es normal sentirte así.  Pero, no me parecía normal sentirme mala mamá, mala esposa, mala todo.  Inútil porque ni con ayuda podía.  No es que yo llorara todo el día, no, por eso fue difícil aceptar que necesitaba ayuda, sino que simplemente me di cuenta que lo que sentía iba más allá de lo normal.

Así que un día me armé de valor y le pedí a la gastroenteróloga de mi bebé el número de una doctora para mí.  Lloré con ella.  ¿Saben lo que fue para mí llorar con la Dra de mi hija porque no podía más?  Era algo sin sentido, me sentía la más débil de todas.  En ese momento no me di cuenta que estaba siendo más fuerte que nunca, estaba levantándome y diciendo “no más”, estaba pidiendo ayuda porque la necesitaba.

Ir a la cita también requirió de valor, sentía que no tenía “razones” para estar allí.  Debía sentirme bendecida, ¿no? Después de tener a dos niños hermosos y sanos en casa esperándome.  Pero no me sentía así.

Me medicaron.  Lo mejor de todo fue que hablé, hablé con alguien y le dije todo lo que sentía, sin dejar nada por fuera, sin pelos en la lengua, sin culpa. Acepté todos esos sentimientos negativos. Y me sentí mucho mejor. E increiblemente mi hija empezó a dormir mejor también. Fue como que el que yo estuviera más relajada la ayudó a ella a descansar.

Lo primero que me dijo la doctora fue que en Latinoamérica es un tabú habar de depresión post parto. Pero ¿saben qué?  Pasa.  Y pasa mucho.  Y nos pasa a muchas.  No es necesario que todas nos levantemos a gritarlo, pero si es necesario de que nos quitemos de la mente que todo es normal.  Sentirse mal, no es normal.  Muchas sufrimos en silencio.  Pero si sientes que se está saliendo de tus manos, pide ayuda. Hay cosas normales, sí, los llantos hormonales de las primeras semanas (los famosos “baby blues”), pero eso dura tan poco… Debemos informarnos, preguntar a expertos.  Preguntarle solo a las amigas no es lo mejor, necesitamos hablar con gente que sabe del tema.   No solo por ti, por tu bebé, por tu esposo, por tu familia completa. A veces no lo hacemos porque creemos que nosotras somos fuertes y vamos a salir adelante, y probablemente es cierto, lo haremos, pero no tenemos porqué pasar un tiempo tan incómodo y poco saludable, cuando hay una solución.

Así que si te estás sintiendo mal ¡busca ayuda! No tiene nada de malo.

Pronto volverás a ser esa mamá linda que estás destinada a ser, porque aunque ahora no lo parezca, no hay mejor mamá que tú para tu bebé.

Mama y bebe depresion

No más excusas, mamás

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¿Quién no ha empezado el año con un propósito de ser más saludable, o bajar de peso, o hacer ejercicio?  ¿Cuántas verdaderamente cumplimos ese propósito?  Me incluyo, porque lo he tenido muchas veces, y no fue hasta hace 4 meses que realmente empecé.

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Quien me conoce sabe que amo comer, sobre todo, postres, y que nunca fui tan fan del ejercicio, la verdad, era un poco perezosa.  Prefería muchas veces hacer una siesta, tomarme una copa de vino, o cualquier cosa, antes que hacer ejercicio.

Pero, durante este tiempo que realmente he estado haciendo ejercicio (o intentando), me he dado cuenta que lo que había hecho para no empezar, fue poner excusas.  Siempre dije que “no tenía tiempo”, pero ahora he descubierto que no se necesitan horas, realmente no se necesita mucho más que unos minutos al día, y mucha motivación. ¿Cuántas excusas no he usado o he escuchado de amigas? El tiempo, no consigo una actividad que me guste, no tengo dinero para pagar gimnasio o similares, no tengo ropa de ejercicio, siempre hay algo que hace falta, la realidad es que lo que hace falta, son ganas.

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Ahora que empecé, les puedo contar cómo lo hice o qué cosas me han funcionado:

  1. Estar clara de qué fin es el que me motiva: ya sea adelgazar, estar fit, ser más saludable, bajar colesterol, etc, la clave es mantener eso en mente todo el tiempo.   Cada vez que alguien me ofrece un pedazo de pastel, cuando veo un helado que me gusta, o cuando vamos a comer el fin de semana, preparo la fuerza de voluntad y pienso que el fin de semana u otro día, comeré algo que me gusta.  Siempre intento darme gustos, pero intento planearlos también porque sino, termino comiendo una bolsa de chocolates y 5 pedazos de pastel cada día.  Muchas veces guardo esos “cheat meals” para los días que voy a juntarme con amigos, o que haremos algún plan en familia.  no-mas-excusas-7
  2. Adiós a la excusa de “no tengo tiempo” para el ejercicio: la verdad es que es una excusa.  Por más que parezca mentira.  He hecho ejercicio a las 11 PM, aunque sean 10 minutos ó 20, no importa, lo que logre, valdrá la pena.  Y es que una amiga me dijo una vez, que a ella le servía pensar “me arrepentiré más de no hacer ejercicio que de hacer”, y tiene razón, cuando caigo ante las excusas, siempre me arrepiento, cuando me fuerzo a levantarme y correr, me siento orgullosa.   La verdad es que ahora no hay que moverse de la casa, puedes hacer todo desde allí, yo uso aplicaciones como la de Sweat de Kayla Itsiness, pero hay muchas otras que pueden funcionar igual. no-mas-excusas-6
  3. Planear metas a corto/mediano plazo es mejor que gastar por adelantado para “forzarnos” a hacer ejercicio: Caí varias veces ante esto, pagué clases de pilates en paquete, años de gimnasio, y kits completos de ejercicio para “forzarme” a hacerlo, y no es un secreto que jamás funcionó.  El resultado era una versión de mí frustrada porque no tenía ni el cuerpo ni el dinero.  Ahora en cambio, planeo mis semanas, a veces hasta dos semanas, qué días haré ejercicio, cuáles no y cómo puedo compensarlos.   Ir poco a poco, semana a semana, tener un plan y gastar solamente si es un “premio” es lo que más me ha funcionado. no-mas-excusas-8
  4. Escoger la hora de mayor energía para el ejercicio: No todos funcionamos de la misma forma durante el día.  Yo por ejemplo, siento que nunca tengo energía, en las tardes/noches, definitivamente no, y en las mañanas tengo muchísimo sueño (amo dormir, la alarma suena al menos 6 veces para que la escuche).  Por lo tanto, decidí que era mejor pelear contra el sueño, porque de igual forma me tengo que levantar, que pelear con el cansancio, porque mi cuerpo lo que necesita es descansar, y me ha funcionado hasta ahora.

Como les decía, es lo que me ha funcionado a mí, pero las invito a que prueben.  Las que tienen el ejercicio como un propósito del año, del mes, o de la vida, las invito a empezar por 10 minutos, ¡10 minutos, no son nada!, luego ir pasando a una semana, dos semanas, hasta hacerlo un hábito.  Se los digo en serio, no se arrepentirán.

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Encontrando el balance como mamá

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balance-mama-2El 2016 fue un año donde tuve que tomar decisiones, tuve que escoger entre hacer unas cosas y otras no. Fue el año donde aprendí a balancearme como mamá de dos y mamá trabajadora.  Fue un año donde intenté.  Intenté hacerlo todo.  Hasta que un día desperté, con ojeras, pero no estaba durmiendo en mi cama, estaba cuidando a mi hija de un año y me había quedado dormida, sí, con ella bajo mi cuidado.  Quien la conoce sabe que es tremenda, es capaz de destruir una habitación en un segundo y de caerse 20 veces en el intento, por lo tanto, no puedo perderla de vista.  Y con ella, nada más que con ella, me dormí.  Me asusté muchísimo, pero era obvio que iba a pasar algo así.  Estaba más cansada que nunca.  Mi cuerpo no iba a aguantar.  Y es que no me dormí 1 minuto, fue como si hubiera hecho una siesta porque hasta soñé.   En ese momento decidí que hacer todo, no es para mí.  Y no es que no vaya a seguir intentando, pero es un tema de prioridades.

Esposo/pareja.  Hijos.  Trabajo.  Ejercicio.  Ir de un lugar a otro.  Dormir.  Tiempo.  Todo es tiempo.  Y no hay tiempo para todo.  Más adelante tendré tiempo para otras cosas.  Y aunque no todo el mundo lo entiende, yo sé que es lo correcto.

Esto fue lo que aprendí el año pasado al respecto:

 1. Está bien dejar ciertos sueños o planes en pausa, pero no lo hago por mis hijos, lo hago por mí.  No me gusta decir, ni escuchar, de “hacer sacrificios” por los hijos.  No quiero culparlos a ellos de decisiones que tomo para encajar en mi definición de “buena mamá” o “buena esposa”. Nunca he escuchado a nadie decir, por mi esposo hice el sacrificio de no salir con otros hombres.  No es un sacrificio, es una decisión, algo que se quiere.  Lo mismo siento con los hijos.  Obviamente hay cosas, como dejar de dormir cuando son recién nacidos, que puede ser sean un sacrificio, pero mi punto es que siempre existen opciones, todo en esta vida son decisiones.  Por ejemplo, el año pasado decidí que no iba a enfocarme en escribir en el blog, escribí cuando pude, que resultó ser casi nunca, porque no tenía tiempo.  Y el tiempo que tuve libre, lo usé para pasar más tiempo con mi esposo, o hacer otros proyectos pequeños.  ¿Si me encantaba escribir todas las semanas? ¡Me encantaba! Pero decidí ponerlo en pausa porque llegó un punto donde me generaba más estrés porque no estaba cumpliendo una meta que tenía conmigo, y quería poder hacerlo bien.  Así que fue la mejor decisión. ¿Lo extraño? ¡Claro! Pero ya habrá más tiempo para eso, por ahora, hay cosas más importantes para mí.

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2. La salud debe entrar en las prioridades. No es que haya tenido ninguna situación de salud que me haya hecho darme cuenta de esto, pero, después de pasar casi 3 años entre embarazos, post parto y amamantar, quería volver a sentirme bien conmigo.  Eso me llevo a uno de los cambios más importantes del año pasado, introducir el ejercicio como parte clave de mi vida.  A pesar de que hacía deporte mínimo dos horas a la semana, no era suficiente, por mi naturaleza ansiosa y estar siempre en estrés, no lograba sentirme mejor.  Empecé a correr y a hacer ciertos ejercicios en mi casa, incluso introduje una dieta (que cumplí como por dos meses – el mayor tiempo que he logrado hacer dieta en años), y esto me sirvió no solo para bajar de peso, sino para sentirme mejor conmigo misma.  Por si les sirve, utilizo un app llamado Sweat de Kayla Itsines, me encanta.  Aún tengo muchos hábitos que mejorar, como convertir la dieta en un estilo de vida y en especial, dormir más, pero ahora es una prioridad, antes no lo era.

3. Por último, pero no menos importante, está bien decir que no.  Parte de lo que más me cuesta, porque sigue siendo difícil, es decir que no a ciertos planes.  A veces, tengo la agenda llena, y sigo haciendo más compromisos.  Tuve días en los que literalmente no tenía un minuto ni para comer, todavía tengo días así, pero hacer compromisos de más, con otras personas o conmigo misma, termina siendo un desastre.  El resultado era estar drenada de energía, y  además, quedaba mal con la mitad de las personas, así que decidí que habían cosas que podían esperar.  El supermercado puede esperar.  Salir con los amigos puede esperar.  El mundo no se cae por perder un evento, por no comer con una persona, por no ir al comprar algo, por no ordenar. No.Pasa.Nada.

Queremos creer que es posible hacerlo todo, pero es mejor aceptar cuando las cosas en nuestro plato son suficientes, hay personas que pueden tener más, otras menos, pero todos somos diferentes.  Así que las invito a ver qué cosas son suficientes para llenar su plato, y a enfocarse en hacer ésas tan maravillosamente bien, que no les va a hacer falta nada más.

¡Feliz año a todas!

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ALGÚN DÍA EXTRAÑARÉ ESTA ETAPA

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Hay días cargados de llantos, gritos, berrinches, no quiero comer, no quiero dormir, no me quiero bañar.  Tu voluntad es única, firme, me reta en esos días.

Rabietas de los tres

Pero luego te veo.
Te veo y digo, la verdad, es que voy a extrañar esta etapa.
Veo como los problemas se resuelven con un sticker.
Veo tu emoción solo porque estamos jugando juntos.
Veo la inocencia con la que vas conociendo todo lo que es nuevo para ti.
Veo ésas ganas de entender el mundo.
Veo tu mirada, con ojos que brillan como diciendo “Wow! Amo a esta mujer!”.
Veo tu sonrisa gritando “Mira mamá, soy muy rápido.”
Veo como agregas palabras a tu vocabulario (mal pronunciadas) pero con todo el afán de darte a entender, “copocotón (melocotón)”.
Veo como te ves en el espejo luego de que te peino, y te descubres y dices “Soy muy guapo”.
Veo como te inventas un millón de excusas para no ir a dormir.
Veo como entras al supermercado y sabes donde están colocados los carritos, y seleccionas, sabiendo cuáles tienes y cuáles no.
Veo como juegas carritos, pelota, juegas como niño grande.
Veo como entras al parque tan independiente y decidido.
Veo como te acuerdas de todo lo que te decimos.
Veo como reemplazaste el chupón por cuentos de cuna.
Veo como aprendiste a bañarte parado.
Veo como aprendiste a vestirte…o casi.
Veo como sabes lo que quieres, y no dejas que nadie te diga lo contrario.
Veo como vas aprendiendo a lavarte los dientes.

Veo todo.

Extrañando etapas

Veo todo, y me doy cuenta que has crecido.  Veo y me impresiono de pensar que hace un par de años eras un bebé.  Veo y no puedo creer lo rápido que pasa el tiempo.  Veo y temo que mis oportunidades de besarte y abrazarte serán cada vez menores.  Veo ese cordón, que te tuvo pegado a mí 9 meses, estirarse cada vez más.  Veo y me doy cuenta que el tiempo se me va, que esta etapa es tan corta.  Veo y la disfruto.

La disfruto tanto.

Disfruto tus te extraños, tus te quieros y sufro con tus “mama no”.  Disfruto verte ser feliz y deseo con toda mi alma que tu sonrisa dure para siempre. Disfruto ser expectadora de tus juegos, de tus conversaciones, de tu vida, pero sobre todo, disfruto ser tu mamá.

Y es que esta etapa pasará, con sus berrinches, sus llantos y sus gritos.  Pero pasarán también tus ojos brillantes cuando me ves, tus besos empapados en mi mejilla, tu “mami mira mira”, tus “mami acompañame”, tu inocencia tan linda, tus palabras inventadas, todo eso pasará también… Y sé, lo sé, que extrañaré esta etapa. Te extrañaré.

Te extrañaré como eres ahora, pero amaré al que serás.

Estoy segura.

Etapas pasan

¿Qué es ser mamá?

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Ser mama

Ser mamá es cambiar tu vida entera, por personas que se convierten en tu vida.  Es llenarte de huellas: arrugas, estrías, ojeras, morados, estómago flácido, que, aunque nunca soñaste tener, son una consecuencia de tus sueños.

Ser mamá es pasar noches en vela cuando tus hijos están enfermos, noches en vela reclamando que no quieren dormir, noches en vela queriendo que estuvieran durmiendo en su cama, desde que son bebés hasta que son adolescentes.  Es querer silencio absoluto cuando están durmiendo, para poder tener minutos de paz.  Es temer a sonidos durante la noche porque pueden significar que se levantaron.  Es extrañarlos aún cuando creías que no lo harías.

Ser mamá es pasar días despeinada, sin reconocerte, porque no tienes tiempo de ser tú.  Es pasar horas arreglando a tus hijos, y dejar solo minutos para ti.   Es cambiarlos varias veces al día, cuando tu apenas tienes tiempo para cambiarte.  Es terminar los días como si hubieras corrido una maratón, cuando todo lo que hiciste fue quedarte en casa con los niños.

Ser mamá es aguantarte el llanto cuando tus hijos te lastiman para no asustarlos.  Es llorar en silencio por el cansancio extremo.  Es reír a carcajadas en las noches recordando.  Es terminar los días con dolor de espalda por correr agachada.  Es sentir que los brazos te tiemblan cuando tus hijos tuvieron un día difícil y quisieron pasar en ellos todo el tiempo.

Ser mamá es vivir preocupada por todo, por si está bien, por su desarrollo, por su felicidad, por el cupo en el colegio, porque no sabes si tiene amigos, por si come, por si no come, por todo.  Ser mamá es sentir que nunca estás haciendo suficiente, aunque estás haciendo todo.  Ser mamá es dudar de tus decisiones todos los días, pero saber que no existen respuestas correctas o incorrectas.   Ser mamá es tener miedo de estar haciendo lo correcto.  Ser mamá es sentir que no sabes nada, cuando probablemente sabes lo suficiente.

Ser mamá es sonreír como adolescente enamorada cuando ves una foto de tus hijos o cuando recuerdas una travesura.  Ser mamá es querer que crezcan pero al mismo tiempo querer que sean bebés para siempre.  Ser mamá es reírte de travesuras cuando sabes que deberías estar enojada.  Ser mamá es frustrarte cuando no obedecen, aunque sabes que estás interrumpiendo la diversión.

Ser mamá es saber que no tendrás tiempo para ti, pero aún así, tratar de hacerlo.  Ser mamá es sentir a veces que no tienes vida.  Es olvidarte de que ésta, es tu nueva vida.

Ser mamá es dudar de si eres buena o mala.  Ser mamá es llenarte de dudas por tantos sentimientos y tantas emociones.  Ser mamá es llorar de alegría, de tristeza, es llorar.  Ser mamá es saber que la felicidad está en los pequeños momentos, no solo en las cosas grandes.

Ser mamá es ser pintora, escultora, artista que vivirá siempre tras bambalinas, moldeando una obra de arte.  Ser mamá es querer que tus hijos sean los protagonistas de su historia, aún con la tentación de controlarla.

Ser mamá es sentirte como tu primer día de clases cuando vas a ver a otras mamás.  Es compararte, aun cuando no tienes comparación.

Ser mamá es lo más maravilloso, a pesar de ser el reto más grande de tu vida.

Ser mamá es saber que nadie te agradecerá todos los días, pero sentirte agradecida por cada día.

Ser mamá es sentirte débil, cuando probablemente no hay nadie más fuerte.

Ser mamá es tener superpoderes, pero sentirse sin poder.

Ser mamá es ser una persona extraordinaria, que se siente ordinaria.

De mamá a mamá ¡Feliz día de la madre! ¡Gracias por todo!

Venciendo los miedos de tener un segundo hijo

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Mommy of 2
Hace muchísimo tiempo, escribí acerca de los miedos que tenía por convertirme en mamá de dos.  A veces creemos que es más fácil porque, no podría ser mayor al miedo de tener el primero, donde no sabes nada, donde todo es novedad.  Pero, también las mamás no-primerizas tenemos miedos.

Después de haber tenido a mi segunda bebé, leí lo que había escrito para ver si mis miedos se hicieron realidad, y estoy escribiendo esto para contarles a todas esas mamás que están sintiendo algo similar, cómo termina.

  • Me daba miedo cómo iba a manejar dos (o si iba a poder manejarlos): ¿Si se puede? Claro que se puede. ¿Si es fácil? No, no lo es.  Sigue siendo un reto, hasta hoy. Multiplicar todo por dos, es un reto.  Y, aunque no voy casi a ningún lugar sola, lo he hecho un par de veces y no es tan grave, por algo tenemos dos manos.
  • Me daba miedo que mi primer hijo sufriera: Creo que nunca había sido tan consentido.  Sí, ha tenido momentos de celos, le ha pegado, y probablemente sintió un cambio, pero estoy completamente segura que no sufrió.  Estoy segura que es más feliz ahora que tiene alguien a quien regañar, alguien a quien molestar, alguien a quien pegarle, y en especial alguien con quien reír a carcajadas.  Cuando su hermana acababa de nacer, intenté tener momentos solo para él, 30 minutos o 1 hora al día, mínimo, donde fuéramos a hacer mandados juntos, al parque, a la piscina, a donde fuera, pero los dos.  Le di su lugar, y creo que eso ayudó.
  • Me daba miedo que mi hijo le hiciera daño sin querer: Debo confesar que este miedo lo tengo todavía.  A veces juega de forma brusca y ella todavía es pequeña, pero no queda más que estar siempre pendiente, porque así como podría pasar hoy, podría pasar mañana cuando estén más grandes.
  • Me daba miedo no quererla como a mi hijo: Definitivamente esto era algo que solo estaba en mi cabeza.  Desde el primer momento que tuve a mi segundo bebé en los brazos supe que ese amor es increíble, porque no se divide, se multiplica.
  • Me daba miedo no tener paciencia: Ja! No creo ser la persona más paciente, y probablemente vivo siempre al borde, pero lo he logrado, he sobrevivido, y también mis hijos.  Y sí, he tenido días de sentarme a llorar en el piso, así como he tenido días que terminan con carcajadas de las ocurrencias, al final, hay un balance.  Y sí, he gritado, he regañado, y en serio, he llorado, pero probablemente habría hecho lo mismo con un hijo.
  • Me daba miedo que naciera muy temprano por estar tan activa: Imposible no estar activa, mi bebé llegó a término, aún con el estrés y la actividad, pero, creo que la clave está en seguir teniendo cuidados en ciertas cosas, y descansar, cuando se puede, descansar.

Todos esos miedos quedaron atrás.  Porque cuando menos lo creas, estás durmiendo toda la noche, tus hijos están jugando juntos, estás viviendo una vida con más de un bebé, eres feliz, y lo estás logrando.

De como la lactancia se convirtio en natural

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La lactancia y yo nunca fuimos amigas.  Con mi primer hijo tuvimos una relación difícil donde lo mejor era cortar por lo sano.  Con mi hija descubrí que las segundas oportunidades tienen sus retos también.

Empecé con la meta de llegar a los 6 meses, que se hizo cada vez más complicada, en especial cuando se metió entre nosotras una dieta anti reflujo de cero lácteos, sus derivados o cualquier cosa que los contuviera, cero cítricos, cero semillas, cero tomate, cero huevo, lo cual significaba no poder comer el 80% de lo que yo comía antes… Pero, a pesar de eso, lo logré.

Y celebré, celebré esos 6 meses como si fuera mi cumpleaños.  Me compré un pastel, comimos todos juntos, fue una pequeña fiesta.  Probablemente fui un poco ridícula, pero, celebramos tantas cosas en la vida, que decidí celebrar un logro que para mí era importante.  Un logro que para mí había llevado un esfuerzo totalmente antinatural.  Porque ¡es obvio! es antinatural hacer una dieta para poder amamantar.   Así que, mi pequeña fiesta familiar era lo que necesitaba para felicitarme de haber hecho algo que no creí posible.

Conté tanto los días para llegar a esos 6 meses, que cuando llegaron, no sabía si dejar de dar o seguir.  Y decidí seguir un par de semanas más.  Poco a poco fui posponiendo la fecha, y allí es donde me di cuenta, que se estaba convirtiendo en algo que era parte de mi vida.  Y a pesar de que me costó tanto, ya simplemente lo hacía.  Ya era natural.

Cuando se acabaron mis reservas de leche, empezamos con 1 tetero de fórmula al día, y debo admitir que fue difícil para mí.  Sentía que estaba fallando, a pesar de todo lo que había logrado, me costó, pero tuve que hacerlo porque no tenía otra opción.  ¿Cómo pasé de contar los días para dejar de darle, a sufrir con no darle?   Creo que fue un tema de ir definiendo metas cortas, un día más, un mes más, hasta que se convirtió en una parte de mí, tan grande, que llevo más de un año amamantando.

Nunca creí que amamantaría después de que mi hija caminara, y mucho menos que pasaría del año, no creí ser de las que respondería la pregunta ¿hasta cuándo vas a dar pecho?, porque no creí que llegaría a este punto.  Y ahora que llegué, cuando me preguntan la respuesta es “no sé” porque no es algo planeado, ni algo pensado, es algo natural.

 

No te planeamos, pero no imaginamos nuestra vida sin ti

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Renata partuqBebeTu hermano y tú son lo mas maravilloso que me ha pasado en la vida, después de conocer a tu papá.  Nunca pensé que fuera posible sentir este amor.  Y cuando veo para atrás, recuerdo.  Recuerdo que no estabas en nuestros planes, que nos sentiamos ansiosos, con miedo, que le diste vuelta a todos mis planes, a toda mi vida, y sin embargo, hoy, sé que no pudo haber sido más perfecto.

Cuando vi las barritas que marcaban positivo, pensé que era imposible amar tanto a otra persona… Pero lo hice. Cuando empezaron los vómitos no entendía como iba a sobrevivir de nuevo todo… Pero lo hice. Cuando tenía dolores del parto creí que no iba a poder tenerte… Pero lo hice. Y cuando empezaron los desvelos, creí que no podría sobrevivir sin perder la cabeza… Pero lo hice.

Al verte por primera vez en esa pantalla negra, al escuchar tu corazón, al verte mover, volví a sentir esa emoción.  Al sentirte por primera vez en mis brazos, me di cuenta que nada se compara a esa sensación.  Al verte sonreír por primera vez, sentí que mi corazón se agrandaba de nuevo.  Y ahora, que te veo caminando, gritando, jugando, con esa misma sonrisa que empezaste a regalarnos hace meses, me doy cuenta que las mejores cosas en la vida no se planean, que los mejores regalos son los inesperados, que realmente no tenía ni idea de lo que me estaba perdiendo.

Besito mama y bebe

Y es que hoy, no puedo imaginar mi vida sin ti.  Nuestra vida, nuestro corazón, simplemente no sería lo mismo.  Hoy puedo decir, sin lugar a dudas, que eres la mejor sorpresa que hemos tenido. Llegaste a esta casa a llenar nuestras manos, a llenar de amor nuestro corazón, llegaste a dar ese toque de dulzura que ha alegrado aun más nuestra vida (incluyendo la de tu hermano), llegaste a enseñarle a tu hermano a compartir, a sentir otro tipo de amor, a multiplicar los sonidos de carcajadas, llegaste a mejorar nuestra vida, que ciegamente creíamos no podía ser mejor.

Esta semana celebramos 1 año de tenerte con nosotros mi princesa, y debo decirte, que me has llenado de un amor indescriptible, has complementado mi sonrisa.  Y aunque llegaste cargada con tu dosis de dificultad (como todo bebé), no podría vivir sin ti.  No podría vivir sin tus sonrisas, sin tu independencia, sin tus travesuras, sin jugar a las muñecas vistiéndote, sin darte de comer, sin verte perseguir a tu hermano, sin verte ser esa personita decidida y pícara en la que te has convertido.

Mama y renata felices

Quiero que sepas, amor, que el hecho de que no fueras planeada, no significa que no seas amada, todo lo contrario, eres y serás por siempre, el mejor regalo sorpresa que la vida nos ha dado.

Que sea esto una lección para ti, de todo lo que vales, de lo maravillosa que eres, le enseñaste a tu mamá controladora, que a veces vale la pena dejar de controlar y permitir que pasen los milagros, porque tú, tú eres nuestro pequeño milagro.

¡Te amamos con todo nuestro corazón!

¡Feliz cumpleaños loquita!

Princesa

 

El uso correcto de las sillas del carro

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Cuando alguien se sube a mi carro, la primera pregunta que me hacen es ¿tú bebé sigue viendo para atrás?  Sí, sigue viendo para atrás, y seguirá así hasta al menos los 2 años.  ¿No llora? Claro que llora, estén viendo para donde estén viendo cuando se cansan de la silla, lloran, pero también lloran cuando no los dejo bajar las escaleras solos, o no los dejo meter el dedo en el enchufe, o no los dejo llevarse a la boca el cargador del celular, o cuando no los dejo comer cualquier cosa que consiguen en el piso.  También lloran en esas circunstancias.  Pero al final lo más importante es cuidarlos y protegerlos de esos peligros que ellos a su corta edad, no son capaces de medir.

El cómo utilizar la silla del carro es un tema que no debería ser debatible, sin embargo, lo es.  Cuando vemos las estadísticas, los países de latinoamérica se pelean los puestos en el  ranking del número de personas que mueren al año por accidentes de tránsito, la mayoría de países tiene más de 100 accidentes diarios, sí, 100-por-día.  Es importante proteger a nuestros hijos por si lamentablemente entramos en esta estadística.

Me cuesta mucho entender que exista tanta guerra entre mamás tantos temas que realmente no ponen en riesgo la vida del bebé, pero no estamos todas preocupadas por el uso correcto de las sillas de carro, cuando el no hacerlo SI representa un riesgo para su vida.

Honestamente yo no soy ninguna experta en el tema, solo soy una mamá a la que le apasiona el tema y que ha investigado muchísimo para escoger la silla de su bebé, por lo que he aprendido.   Y en base a esto que he aprendido, les dejo aquí un par de tips de cómo usar su silla y por qué deberían usarla así.

 

  1. ¿Qué silla elegir?  Cuando tu bebé está recién nacido puedes utilizar el porta bebé que viene con tu coche o carruaje, pero debes asegurarte de hacer el cambio antes de que tu bebé llegue al peso/altura máxima, ya que de lo contrario, en caso de accidente puede no darle la misma protección.  Busca sillas convertibles, que puedan ir viendo hacia el frente y hacia atrás, de preferencia que tenga un nivel alto de peso y altura mientras esté viendo hacia atrás (rear-facing), para que tu hijo pueda permanecer así mínimo hasta los 2 años (sí, mínimo).  Hay sillas convertibles que pueden utilizarse para bebés recién nacidos (incluyen un colchonchito para que se adapte), como la Chicco Nextfit (mi silla actual), e incluso hay marcas que tienen opciones más económicas como Graco, Safety 1st y Evenflo entre otras.  No creo que exista la silla perfecta, pero, siguiendo los requerimientos máximos de altura y peso, así como las instrucciones de uso, estás lista.
  2. Utilizando sillas usadas.  Es muy común el utilizar sillas de segunda mano, depende de las necesidades de cada persona, pero, si lo haces te recomiendo a) verificar que la silla nunca haya estado involucrada en un accidente, ya que de lo contrario puede no funcionar de la forma correcta; y b) asegurarte que no esté vencida (sí, las sillas vencen).  Los materiales de los que está hecha tienen un tiempo de rendimiento máximo, especialmente el plástico, y después de este tiempo es más sencillo que se dañen o pierdan su nivel de resistencia. Puede estar en perfecto estado pero después de cierto tiempo, puede no funcionar igual.
  3. El bebé debe ir viendo hacia atrás hasta que tenga al menos 2 años.  Esto no depende de tu estilo de maternidad, o de tu nivel de proteccionismo hacia tu hijo, es un hecho científicamente comprobado.  Hay varias razones por las cuales los bebés o toddlers deben ir viendo hacia atrás hasta al menos los 2 años, pero sobre todo es porque su columna no está aun 100% desarrollada, la columna vertebral está conectada vía cartílago vs un hueso.  Ese cartílago puede alargarse hasta cierto punto, pero la espina dorsal que se encuentra dentro no, por lo que al forzarse puede romperse y provocar parálisis e incluso muerte.  Según las estadísticas, gran parte de los accidentes son de impacto frontal.  Durante los mismos las personas se mueven hacia el punto de impacto, si el bebé va viendo al frente, su cuerpo se mueve hacia allá y es frenado por el cinturón, pero, la cabeza no frena tan rápido, por lo que la fuerza con la que se regresa hacia la silla le agrega muchísima presión al cuello y espina dorsal, en especial porque en un bebé la cabeza representa 25% de su peso, mientras que en un adulto representa solo el 6%.  Lamentablemente, no todos los cuellitos soportan esta fuerza. Ninguna mamá sabe si el cuerpo de su bebé ya está listo para soportarlo, y realmente no se sabe si a los 2 años ya todos lo están, pero al menos es un parámetro del mínimo, porque antes de esto lo más probable es que no lo estén.  Cuando el bebé está viendo hacia atrás, la mayor parte del impacto lo tiene la silla, y sí, pueden lastimarse sus piernitas, pero, esto no es de vida o muerte, la columna sí lo es.  Uso correcto silla del carroAquí algunos links que lo explican (gráficamente).
    1. https://www.youtube.com/watch?v=sssIsceKd6U
    2. https://www.youtube.com/watch?v=SO5MeVvVy9I
    3. https://www.youtube.com/watch?v=Q8gU9zzCGA8
  4. Uso del arnés en los hombros.  Los cinturones que tienen las sillas no son para utilizarlos en los brazos, deben ser posicionado sobre los hombros ya que son los que evitan que el bebé salga disparado fuera de la silla en caso de accidente.  Se podría decir que son los “retenedores” del bebé en la silla.  Muchas veces es difícil colocarlos sobre los hombros, en especial cuando son recién nacidos, pero, si no están posicionado en los hombros, lamentablemente el uso de la silla puede ser inútil.  Como usar silla del carro
  5. El uso del clip o broche del pecho al nivel correcto.  He visto demasiadas fotos donde el clip del pecho se coloca al nivel del estómago u otras veces donde no se utiliza.  La función de este clip es de mantener el arnés en la posición correcta, y evitando que los cinchos se deslicen a los hombros del bebé/niño.  No todas las sillas lo traen, ni todos los papás los usan.  Yo prefiero utilizarlo, porque no quiero correr riesgos, pero es importante usarlo de la forma correcta.  Este clip ejercerá presión al momento de un accidente para que el bebé se quede en su sitio, y está diseñado para hacer presión en el pecho porque hay una caja torácica que protege los órganos que están dentro.  Si se coloca más abajo, puede ejercer presión en el lugar incorrecto y dañar los órganos internamente.  ¿Cuál es el lugar correcto? Al nivel de las axilas del bebé.Clip del pecho

Muchas hemos cometido errores, pero aun pueden corregirse.  Te invito a leer acerca del tema y a ver videos que pueden ayudar a informarte más.  Y recuerda que todo es por el bien de nuestros bebés, así como los protegemos de todo en casa, utilicemos las herramientas correctas para que estén protegidos en el carro también.

Algunas páginas con mucha información (de las cuales yo obtuve información para este post):

http://csftl.org/why-rear-facing-the-science-junkies-guide/
http://thecarseatlady.com/why-ride-rear-facing/

 

 

 

A mi hijo mayor

Destacado

A mi hijo mayor,

Nicolas Feliz

Estuve buscando por todos lados si en algún lugar había escrito esto.  Lo he pensado tanto, pero nunca lo escribí.

El día que quedé embarazada, sentí que te traicioné.  Sí, dramático, y sí, para muchas, ridículo.  Y, aunque en el fondo sabía que lo que estaba haciendo era regalarte una amiga para toda la vida, alguien con quien disfrutar tu niñez, alguien con quien compartir millones de momentos, alguien con quien chantajear a tus papás para que les compren algún juguete “para los dos” o una mascota, aún sabiendo eso, aún habiendo crecido con dos hermanos y siendo la hermana mayor, aún así, sentía que te estaba quitando tu momento.  Sentía que te lo estaba arrebatando de las manos de una forma tan repentina.  Y cuando te veía correr hacia nosotros, ser feliz con tu papá y tu mamá, lloraba de pensar cómo iba a cambiar tu mundo y tu no tenías ni idea.

Luego empezaron las nauseas, y esa culpa se convirtió todavía en más grande, no podía estar contigo, no tenía fuerzas, mi estómago no lo soportaba.

Pero, el día del parto, ese día fue el que me pegó más, nunca esperé estar tan nerviosa, nerviosa de dejarte solo, nerviosa de que íbamos a regresar y ya no ibas a estar solo con nosotros, pero sobre todo, nerviosa de que me pasara algo y no volver a verte, no volver a jugar contigo.

¿Y sabes qué he descubierto? Que todos esos miedos, esos traumas, esas locuras, estaban solo en mi cabeza, y aunque tienes celos, y le has pegado a tu hermana, le has tirado cosas, la has empujado contra el piso, aunque haces más berrinches que nunca, y no comes más de una comida al día desde ese día, sé que todo estará bien.  Te veo aceptarla cada vez más en tu vida, te veo querer jugar con ella aunque no puedes todavía, te veo ser feliz cuando ella “te comparte” sus galletitas de bebé, o “te presta” sus juguetes, te veo crecer y aceptar que nuestra familia ahora es de cuatro.

Quiero que sepas que yo fui feliz creciendo con hermanos, que no cambiaría nada de mi familia, si acaso, me hubiera encantado que hubiera sido más grande, y sé, lo sé, que vas a disfrutarte a tu hermana como a nadie, y no vas a recordar esa sensación de celos que tuviste las primeras semanas, y que todavía a veces expresas en tus berrinches.  Pero verás, hijo mío, que algún día estarás pidiéndonos más hermanitos, porque los juegos son más divertidos mientras más personas participen.

Quiero que sepas también que yo los amo como nada, por igual, y que tu mi  amor, tu me hiciste mamá, y nunca, nada, ni nadie, podrá cambiar eso.  Tu fuiste el primero que me hizo sentir ese amor, el primero que me hizo saber lo que son las lágrimas de alegría, el primero que me hizo temblar de miedo al bañarlo, el primero que me hizo sentir el corazón latir con una sonrisa, una carcajada, el primero que tomo mi mano y llenó mi alma completa, el primero que pudo llamarme “mamá”.

Quiero que sepas mi vida, que aunque nuestros días solos fueron pocos, los disfrutamos muchísimo, pero lo que viene mi amor, te lo vas a gozar mucho más.

Y algún día seré yo la que extrañará nuestros días solos, porque seguramente lo que querrás será estar jugando por doquier, corriendo por la casa, saltando, y enseñando a tu hermana como eres un niño grande.  Pero no debes preocuparte por mí, yo seré feliz siempre y cuando sepa que tú lo eres también.

Así que ve, corre, salta, aprende, pero sobre todo vive y vuela mi amor, vuela.